Con voluntad, enseñanza y actualización técnica, los profesionales agropecuarios garantizan una sana alimentación y un mejor medio ambiente

 

Investigar los componentes del suelo y realizar estudios para que sea más productivo, buscar alternativas para mejorar la calidad de los alimentos, analizar los tipos de abonos, razonar en la afectación de la actividad agrícola en la naturaleza, proponer técnicas para obtener víveres, entre otros, son parte de las funciones que realiza el profesional en Agronomía y que, en México, se reconoce su dedicación cada 22 de febrero desde 1854, por el establecimiento de la primera institución de enseñanza agrícola en América Latina, la Escuela Nacional de Agricultura de San Jacinto, anterior a la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

En el siglo XIX, en 1832, el primer esfuerzo por instaurar estudios agrícolas fue en el Hospicio y Huerta de Santo Tomas, proyecto que fracasó, aun cuando en 1843 el Presidente Antonio López de Santa Anna, ordenó a la Dirección General de Industrias, la creación de una institución dedicada a la agricultura y otra a las artes. En 1844, el Despacho de Justicia e Instrucción Pública, no atendió la petición.

Otro intento se dio en 1846, con la promoción de los lineamientos de la Sociedad de Agricultura, que sería la instancia encargada de la enseñanza en el rubro. En 1852, comenzó la instrucción en Agronomía en la Hacienda de San José Acolman, por la iniciativa impulsada desde 1849, de José Urbano Fonseca de la Junta Directiva del Histórico Colegio de San Gregorio.

En 1853, el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio, con Joaquín Velásquez como responsable, se giró un decreto para mejorar los estudios profesionales de Agronomía, logrando que los terrenos anexos al Ex convento de San Jacinto, se convirtieran en la primera sede formal de la Escuela Nacional de Agricultura (ENA), el 22 de febrero de 1854. El 20 de noviembre de 1923, se trasladó a la Hacienda de Chapingo.

Desde entonces, los esfuerzos por instruir a los mejores técnicos y profesionistas en el ámbito agrícola, refuerza la inclusión de la enseñanza tecnológica que orienta conocimientos especializados y de investigación.

En la actualidad, el aprovechamiento de los productos del suelo está en manos de quienes se instruyen en escuelas con programas que responden a las necesidades del campo en México, lo que manifiesta el compromiso de llevar a los hogares alimentos validados por profesionales.

Conocimientos de agricultura y ganadería, sustentan los avances tecnológicos en los sectores que incrementan la producción de los alimentos con mejor calidad.

Para el Gobierno Federal, es prioridad redoblar los esfuerzos que permitan mejorar la producción en el campo, y en esta labor, los conocimientos de los agrónomos sustentan la seguridad alimentaria.

En la conmemoración del Día del Agrónomo, el INIFAP sostiene su responsabilidad por aplicar la ciencia al servicio de la tierra para producir alimentos saludables con el apoyo y voluntad de los agrónomos mexicanos.

Autor

Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias

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